Primero me roza despacio,  me moría de ganas de que me pegase fuerte, mas no afirmé nada y aguardé. El me vio la faz y comenzó a emplearlo poco a poco más fuerte. Yo no podía más de la calentura, toda mojada, y con la cola roja y ardiendo de dolor. Con cada golpe  me tragaba el grito de placer, me daba vergüenza hacer mucho estruendos. Cuando más me pegaba más me mojaba y más chillaba. Cuando estaba a puntito de terminar me deja,  no podía creerlo, no me había dejado terminar, verdaderamente hacía lo que deseaba conmigo.

 

Me da vuelta y me tira en cama,  sabía que tenía un juguete más. En ese instante  estaba esposada, con la cola cara arriba, y con el atrás… me sentía muy entregada. “Abrí las piernas “me afirmó. Yo abro con un tanto de temor, y  me sujeta de las piernas abriéndome bien. Me comienza a chupetear de a poco,  siento su lengua poco a poco más adentro de mi cola, haciendo que se vaya relajando poco a poco más. Mi cuerpo no podía más, tremía como jamás,  lo que hacía que cierre las piernas. “abrilas” me afirmaba, hasta el momento en que me afirmó seca y más fuerte, “abri!”... Fue una orden. Yo no me resistí más y le hice caso, me deje hacer lo que deseó. Me chupo y me toco tanto que  no deseaba otra cosa más que me metiese su pija en la cola mientras que  estaba entregada a él con las manos esposadas. Acabe otra vez y trajo entre los juguetes que me daba más temor y no sé por qué: unas bolas. Mientras que  me miraba me las iba metiendo de a una, muy de a poco en la cola. Yo no hacía más que tremer, en la cuarta me afirmó “metete esta vos”. Era de nuevo ese tono, me lo ordenaba. Obedecí de manera inmediata, toda vez que me charlaba de esta manera  no podía hacer otra cosa que hacerle caso. Me hizo meterme todas y cada una de las bolas enteras  sola, me lo había ordenado, no podía hacer otra cosa que cumplir.

 

En el momento en que me doy vuelta veo que la tenia muy, muy dura,  deseaba su pija adentro mío, no la quería chupetear pero, deseaba que me cogiese fuerte y que me acabase toda. Me mira, me da vuelta y  me la mete hasta el fondo. Yo tenía las bolas adentro de mi cola aún y cara que todo se sintiese muy apretado. Acabe al segundo que sentí su pija dura cogiéndome. Me dejo tremiendo, mas  me proseguía cogiendo de manera fuerte.  Lo mire y me afirma “desde ahora harás todo cuanto  te solicite, serás condescendiente, vas a hacerme caso, serás mi perrita”. Yo reviente, mi cuerpo no paraba de mojarse, y no lo podía pensar. “Me escuchaste? Serás mi esclava, y desde este momento  seré tu amo, y deseo que hagas lo que  afirme. Vos no vas a terminar más sin mi permiso y toda vez que lo hagas me lo vas a dar las gracias, me comprendiste? Decime, me comprendiste?”

 

Mirándolo a los ojos le afirmé que si , “yo no deseo un sí, deseo que me respondas bien” lo mire de vuelta y fallecida de vergüenza le respondo “si amo, haré lo que me solicites, deseo que me utilices como un juguete, dejaré que me hagas todo cuanto quieras”. Yo sentía que todo el cuerpo me tremía y cuanto más me cogía peor era.

 

No daba más de calentura, y cuando estuve a puntito de terminar me mira y me afirma “mira que no podes terminar,  no te afirmé que acabaras”. Le debí suplicar que me dejase, mi cuerpo no podía más, tenía la concha muy mojada, y las bolas de la cola me apretaban poco a poco más. Precisaba terminar.

 

En un instante comienzo a sentir en su pija que me iba ocupar de leche… lo sentí llegar y me moría por meterme su pija la en la boca y tragarme todo. Con esa idea acabe terminando sin su permiso, y no le gusto. “ponete en 4, es una orden”. Yo no podía ni mirarlo, le hice caso. “ahora contarás los diez latigazos y me vas a dar las gracias por cada uno de ellos de ellos”…y empecé:

 

Uno, gracias amo.

 

2, gracias amo.

 

3, gracias amo.

 

Cada vez lo hacía más fuerte y  me calentaba más.

 

4, gracias amo.

 

5, gracias amo.

 

Comenzó a pasarme el mango del látigo por la concha,  la tenía muy mojada y que hiciese eso me excitaba más.

 

6, gracias amo.

 

Ya prácticamente no podía ni charlar de la calentura y  proseguía pegándome en la cola y pasándome el látigo por la concha.

 

7, gracias amo.

 

8, gracias amo.

 

Yo suplicaba por el hecho de que acabe y al tiempo me volvía ida sentirme de esta manera, sumisa.

 

9, gracias amo.

 

Diez, gracias amo.

 

Cuando acabó  no me puedo pactar si acabe o bien no. Lo que si recuerdo es que tenía la cola ardiendo, y que ya sabía de qué forma iba a ser todo de ahí de ahora en adelante. Yo iba a ser su esclava,  le iba a hacer caso en todo cuanto me solicitara. No hacerlo implica un castigo, un castigo digno de una sumisa como .

 

Ahora escribo esto en mi casa, en mi cuarto de niña bien, con mi familia en la cocina, y con un vibrador metido en la concha, terminando cada 2 parágrafos, tal y como  me afirmó que haga.

 

Me ordenó que escribiera todo cuanto paso, y que lo subiese a algún lado. Desea ver los comentarios, desea ver como la gente se calientan con lo que escribo. Evidentemente le hice caso,  me ordeno que lo haga, y  obedezco. Si no cumplo no podré ser su esclava, y  necesito que me dominen, necesito que me utilicen, es la única forma de calmar la calentura incesante en la que me tiene.

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